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| Construyendo (Dibujo sobre papel) |
En el texto que llevó por título «De la explosión psico-cultural a la estabilidad» no intenté aún aventurar cuáles podrían ser los factores componentes de la dinámica explosiva que me parece apreciar en nuestras psiques, nuestras sociedades y culturas. La hipótesis, que sí propongo ahora, consistiría básicamente en lo que sigue.
La violencia individual y colectiva en sus muy diversas facetas y manifestaciones —cuyas ramificaciones abundarían en nuestras vidas, con tendencia a multiplicarse acumulativamente— llevarían a, y serían, en buena medida, consecuencia de, distorsiones como una extendida cerebralidad insensible; y, por otro lado, las crecientes necesidades de hacer frente a las adversidades provocadas por la propia violencia supondrían intentos de defensa que podrían ser infructuosos, derivar en nuevas formas de violencia, caer en ya existentes o constituir defensas que realmente alivian tensiones violentas. Las violencias son ampliamente destructivas y causantes de gran sufrimiento. Las defensas podrían requerir gran inversión de fuerzas y suponer un elevado desgaste. Tanto las formas de violencia como los intentos de defenderse de ellas me parece que conllevarían variables grados de desajuste y de desproporción de la actividad cognitiva, afectiva, social y cultural.
Un ejemplo, en este caso de violencia colectiva, o de confluencia en la subyugación por parte de agentes individuales, lo podríamos observar atendiendo a ciertos condicionantes en las vidas de las mujeres andinas que se vuelven enormes adversidades, algo apreciable hace unos años: «En la identidad de las mujeres andinas encontramos un triple componente que las condiciona: ser mujer, pobre e indígena. Son tres elementos que interactúan y que se retroalimentan para situar a las mujeres en una posición física, instrumental y simbólica de especial exclusión y vulnerabilidad». (Esther del Campo (ed.). Mujeres indígenas en América Latina: política y políticas públicas. Editorial Fundamentos. España. 2012. Págs. 322-323).

Junto a la carretera (Dibujo sobre papel)
Todo ser vivo puede estar sujeto a sufrir o a producir violencia y estrés, pero la miríada de fuentes de violencia y estrés, en interacción, que el propio ser humano estaría siendo capaz de generar para sí mismo, para el entorno y para otras especies, no tendría límites. La explosión psico-cultural, o psico-socio-cultural, que habría acontecido bajo la presión de los factores que estoy intentando describir, se podría haber iniciado, aparte de lo que la precediera, entre los primeros homininos o a partir de la aparición del género Homo o tal vez en el neolítico, sin que hubiera cesado hasta la actualidad. ¿Una explosión de millones o de miles de años? Habría que entender explosión en el sentido de dinámica con una intensidad arrolladora y, además, no atender tanto al tiempo transcurrido —puesto que se relativizaría el tiempo evolutivo— como a la producción de transformaciones potencialmente perjudiciales. Ello transcurriría en la “dimensión” que combina las funciones mentales con los fenómenos sociales y culturales, condicionando y limitando nuestras posibilidades y capacidades. Todo lo cual podría explicar muchos interrogantes sobre cómo somos y lo que estamos haciendo.
JLHC – 16 de febrero de 2026

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